Hoy al salir del trabajo y de regreso a mi
casa, más o menos tardo una hora en el camino de regreso, me puse a recordar
mis días como empleado de registro en una universidad privada en la que trabaje
durante 3 largos meses. Mi horario ahí era de 8 de la mañana a 7 de la noche
con dos horas de almuerzo, de una a tres. Básicamente me encargaba de archivar
documentos, mi función principal pero además para sacar provecho (de parte de
mis jefes) de mis funciones, también tenía que atender público, digitar información
y mil cosas más.
Recuerdo que ese fue mi primer trabajo de
corbata. El primer día de trabajo, sin un cinco en la bolsa, llegue con un pantalón
morado y una camisa morado claro, zapatos nuevos pero feos y unas ganas de que
me pagaran de inmediato para poder ir a tomarme unas cervezas en el bar del
momento que en ese tiempo se llamaba Caccios Bar.
En fin, lo primero que los nuevos compañeros me
ven son mis zapatos, después echan un vistazo a mi pantalón y por último el clásico
“Bienvenido”. Pasadas las presentaciones me explican mi primera función la cual
era digitar miles de notas de alumnos de actas de profesores para él no me
acuerdo cual cuatrimestre. Luego de
digitar dos o tres, empiezo a quedarme dormido. Realmente la calidad no estaba
garantizada de mi parte, no solo digitando esos datos sino en una de las
funciones en las que más errores cometí, la de crear carnets. El error
principal que cometía era que siempre perdía las fotos que los estudiantes me
dejaban. Era extraño pero de cada diez
que me daban perdía al menos tres. Nunca analice por qué ni el cómo,
simplemente quería que fueran la una o las siete para largarme de ahí.
Cierto día una muchacha de muy escasos recursos
me dejo sus fotos para la confección de su carnet. Era especial el hecho de que
era una estudiante de primer ingreso y estaba muy emocionada con todo lo que
tuviera que ver con su nueva vida
universitaria. Ya se imaginaran lo que paso, si, se me perdieron las fotos. La
primera razón que le di fue que no había tenido tiempo de hacer el carnet, la
segunda fue la misma y la tercera. Un día después de volver de mis dos horas de
almuerzo, note que la muchacha estaba hablando con mi jefe, buena persona pero
bien estricto. La muchacha estaba llorando y si me lleve la reganada del siglo.
La muchacha termino dándome otras fotos y yo seguí perdiendo otras.
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