Recuerdo de mis 18


Hoy al salir del trabajo y de regreso a mi casa, más o menos tardo una hora en el camino de regreso, me puse a recordar mis días como empleado de registro en una universidad privada en la que trabaje durante 3 largos meses. Mi horario ahí era de 8 de la mañana a 7 de la noche con dos horas de almuerzo, de una a tres. Básicamente me encargaba de archivar documentos, mi función principal pero además para sacar provecho (de parte de mis jefes) de mis funciones, también tenía que atender público, digitar información y mil cosas más.
Recuerdo que ese fue mi primer trabajo de corbata. El primer día de trabajo, sin un cinco en la bolsa, llegue con un pantalón morado y una camisa morado claro, zapatos nuevos pero feos y unas ganas de que me pagaran de inmediato para poder ir a tomarme unas cervezas en el bar del momento que en ese tiempo se llamaba Caccios Bar.
En fin, lo primero que los nuevos compañeros me ven son mis zapatos, después echan un vistazo a mi pantalón y por último el clásico “Bienvenido”. Pasadas las presentaciones me explican mi primera función la cual era digitar miles de notas de alumnos de actas de profesores para él no me acuerdo cual cuatrimestre.  Luego de digitar dos o tres, empiezo a quedarme dormido. Realmente la calidad no estaba garantizada de mi parte, no solo digitando esos datos sino en una de las funciones en las que más errores cometí, la de crear carnets. El error principal que cometía era que siempre perdía las fotos que los estudiantes me dejaban.  Era extraño pero de cada diez que me daban perdía al menos tres. Nunca analice por qué ni el cómo, simplemente quería que fueran la una o las siete para largarme de ahí.
Cierto día una muchacha de muy escasos recursos me dejo sus fotos para la confección de su carnet. Era especial el hecho de que era una estudiante de primer ingreso y estaba muy emocionada con todo lo que tuviera que ver con su  nueva vida universitaria. Ya se imaginaran lo que paso, si, se me perdieron las fotos. La primera razón que le di fue que no había tenido tiempo de hacer el carnet, la segunda fue la misma y la tercera. Un día después de volver de mis dos horas de almuerzo, note que la muchacha estaba hablando con mi jefe, buena persona pero bien estricto. La muchacha estaba llorando y si me lleve la reganada del siglo. La muchacha termino dándome otras fotos y yo seguí perdiendo otras.  

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